En los últimos meses he reflexionado mucho sobre la participación en las organizaciones políticas. Mi visión no es externa y por lo tanto viene condicionada por el conocimiento del partido en el que milito desde hace dieciseis años, pero no es una reflexión sobre el Partido Socialista, es una reflexión general, basada también en la observación de otras organizaciones políticas.
Las organizaciones políticas se dotan de estructuras jerárquicas necesarias para organizar su presencia en los diferentes ámbitos de la sociedad, tratando de adoptar el mejor modelo organizativo para ser útiles socialmente dentro del sistema democrático que nos hemos dado.
La evolución de las organizaciones políticas en el sistema político español ha llevado a la mayoría de los partidos políticos a ser una maquinaria eminentemente electoral, donde el papel del afiliado/a o militante se ve reducido o bien a la acción pasiva de secundar las consignas emanadas de los órganos o bien a ser un peón más dentro de una gran maquinaria electoral.
Las estructuras partidarias simplifican el papel de la organización política, fundamentando una buena parte de sus esfuerzos en la acción electoral y enviando a un plano muy secundario la existencia de debates y la participación en la conformación de la voluntad general de la organización.
El papel del afiliado/a a una organización política es, por lo tanto, reducido a la mínima expresión, ya que en la práctica sus canales de participación están predeterminados por las élites de los Partidos Políticos, y éstas priorizan la acción diaria de disputa con el adversario político sobre la elaboración de propuestas o reflexiones emanadas del debate y la participación de los afiliados/as a las organizaciones políticas.
Así queda hipotecada la función de los partidos políticos de servir como representantes de los ciudadanos en su más amplio significado, ya que la organización política debiera ser reflejo de la sociedad, incorporando las opiniones y reflexiones de los afiliados/as, para a posteriori, después de conformarse una opinión mayoritaria en el seno de la organización política, posicionarse socialmente y formular propuestas para la mejor organización de la sociedad.
Es por eso que los Partidos Políticos necesitan hacer una reflexión profunda sobre su forma de organizarse. La Constitución en su artículo 6 afirma que “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos. ”
Es urgente abordar la mejora de los canales de participación de los ciudadanos en la política, y dado que la Constitución sustenta en los Partidos Políticos una parte importante de dicha participación, las organizaciones políticas deberán reformularse para ser un instrumento más útil para que el ciudadano que lo desee pueda afiliarse y participar en la organización que mejor represente sus valores, intereses o ideas.


xiabre escribiu:
Los partidos usan a sus militantes como los faraones a los constructores de pirámides, para mayor gloria del monarca y a costa de la fe y la confianza de los obreros.
Pero lo que más me duele a mí es el desprecio y las descalificaciones hacia los que discrepan y se permiten hacer crítica constructiva en las asambleas, que son atacados sistematicamente hasta el extremo de que el entorno de algún dirigente (mediano) se atrevió a decir que a los discrepantes hay que: arrinconarlos y aniquilarlos.
O cambia esto o algunos partidos se van a morir de exito.
(por cierto Lage, suerte en el tema de la Secretaría Provincial)
Xabier Pita Wonenburger escribiu:
La renovación de ideas y personas es imposible en los partidos políticos si su funcionamiento interno no es democrático. En España, los estatutos de los partidos recogen formalmente la democracia interna pero, en la práctica, sus fórmulas de validación de nuevas candidaturas y de participación impiden que los militantes voten libremente los miembros de su comité de dirección: la duración de cargos debiera ser limitada, inferior a ocho años, para evitar la perpetuación en los mismos.
La ausencia de elección democrática por parte de los afiliados de un partido en cada circunscripción local, regional y nacional de los aspirantes a los diversos puestos provoca que accedan a las candidaturas personalidades menores, que sólo siguen el guión marcado por el comité que los ha colocado y son incapaces de defender un discurso propio. Ante la carencia de selección entre diferentes propuestas que compitan por captar el voto directo, libre y secreto de los afiliados, se perpetúa el pensamiento único y se dificulta la renovación ideológica dentro de las organizaciones.
Si además se aplican medidas disciplinarias a las corrientes internas no alineadas con el discurso de la dirección, se margina a los librepensadores y no se aplica la limitación de mandatos dentro de los partidos se impide el acceso al ámbito político de profesionales, ajenos o no al régimen imperante, que logren introducir nuevas ideas y ayuden con mayores bríos a la evolución sociocultural de cada nación.
A las anteriores carencias, habría que sumar la necesidad de selección previa, mediante los votos de los militantes, de los candidatos oficiales que deben representar al partido en cada convocatoria electoral, de modo que el elegido resultase de una discusión pública sobre su capacidad de liderazgo, preparación, ideas y valores, así como de la concreción de sus propuestas de solución y defensa de los intereses de los ciudadanos.
Es decir, como mínimo, se echa en falta la instauración de procesos verdaderamente democráticos, como las primarias y los caucus que llevan a cabo con total transparencia democrática el Partido Republicano y el Partido Demócrata en los Estados Unidos. Allí, los diversos candidatos van enfrentando su discurso estado por estado y, expuestos al análisis pormenorizado de los medios de comunicación, van recibiendo apoyos para alcanzar un número máximo de compromisarios que les permita liderar su partido para concurrir a las elecciones presidenciales.
Si observamos el artículo 6 de la Constitución, pese a que se explicita que “su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”, el cainismo nacional y la falta de apego “real” a la filosofía de la libertad, presentes en la mayoría de dirigentes políticos, boicotean cualquier candidatura opcional, interponiendo trabas estatutarias, como la consecución de un alto número de compromisarios como avales, a modo de barrera que impida la mínima disensión dentro del partido.
Actualmente, los partidos actúan de forma endogámica y huyen de la renovación interna, evitando preguntar “directamente” cuál es la voluntad de los militantes acerca de ideas y proyectos que generen alternativas al régimen político.
Dado que aportan financiación y constituyen los recursos humanos de la organización, deben ser los afiliados y no las castas directivas los que decidan quiénes deben ser promovidos dentro de la organización interna y, en las diferentes elecciones, quiénes deben ser candidatos. Sólo extendiendo la democracia por las principales instituciones de la sociedad se logrará alzar a las personas más capaces a posiciones que impulsen nuestro país hacia mayores cotas de prosperidad, conforme a los principios de la Constitución Española de 1978.
Por ello, si queremos un mejor comportamiento de los partidos políticos, es preciso exigir la obligatoriedad constitucional de democracia interna “efectiva” y aplicar el voto “libre, igual, directo y secreto” a todas sus elecciones de cargos directivos y de candidatos. Y, de modo equivalente, para favorecer la renovación institucional, debería exigirse lo mismo en los sindicatos, en las patronales, en las universidades y en las principales instituciones de la nación que reciban fondos públicos.
Probablemente, sea requisito imprescindible el concurso de notarios públicos para que proporcionen “fe pública” y validen la limpieza de cada proceso de democracia interna a lo largo y ancho de todas las instituciones en España. Y, sin duda, una nueva redacción del artículo 6 debe intentar explicitar con mayor detalle lo anterior, como requisito fundamental previo para concurrir a las elecciones a cargos públicos. A modo de esbozo inicial y para su posterior discusión:
Artículo 6 (propuesta)
Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley.
La estructura interna y el funcionamiento de los partidos políticos deberán ser democráticos. Se instaurará el voto libre, igual, directo y secreto entre los afiliados, validado por un notario público, para seleccionar a los miembros de los comités de dirección y, también, para elegir los candidatos a las diferentes elecciones. En los procesos de democracia interna deberá ser aceptada cualquier candidatura que acredite ante notario público la recepción de firmas de, al menos, un cinco por ciento de los afiliados.
Los actos, fines y programas de los partidos políticos deberán reconocer y respetar los derechos fundamentales y las libertades públicas establecidas por la Constitución.
La financiación de los partidos políticos deberá ser transparente. Las aportaciones privadas que contribuyan a su financiación serán desgravables en su integridad y, deberán ser fielmente reflejadas en cuentas contables. Anualmente, la financiación será auditada por el Tribunal de Cuentas y, publicada para conocimiento de los ciudadanos.
Los partidos, asociaciones y agrupaciones de carácter político que incumplan alguno de los preceptos establecidos por este artículo serán ilegales y no podrán constituirse. Los que lo hicieren, una vez constituidos, deberán ser disueltos judicialmente por el procedimiento dispuesto en una ley orgánica.
Como habrán comprobado, la anterior propuesta incide sobre algunas fisuras normativas y aboga por un artículo 6 y por una redacción de la ley de partidos que garanticen de modo eficiente la democracia interna, la financiación transparente y la sujeción a la Constitución de los actos, fines y programas de los partidos políticos como condición previa para que puedan participar en los procesos electorales.
Xabier Pita Wonenburger escribiu:
Javier Losada es concejal de A Coruña desde 1983 y Salvador Fernández Moreda desde 1987
Diego Pena Luaces escribiu:
Lage estou totalmente de acordo coa túa reflexión, porque os Partidos Políticos son un elemento fundamental como canais de participación dos cidadáns na Política. Polo que é necesario que haxa un cambio nos partidos políticos, para que cumpran coa función que deben de ter socialmente no sistema democrático.
Unha forte aperta e moita sorte.
demócrito escribiu:
La estructura orgánica de los partidos políticos responde a su cometido. Y la definición de su cometido responde a lo que previamente han definido los dirigentes. Digamos que la función define al órgano. Y ya que los dirigentes han optado voluntariamente por la constitución de una casta denominada “clase política”, profesional y burocrática, es decir, por la cristalización de una elite profesionalizada que intercambia puestos en las distintas administraciones públicas o en los distintos ámbitos de la representación política-parlamentos, senado, concellos-, las organizaciones denominadas “partidos políticos” han tenido que plegarse a dichos designios.
Sorprende, pues, señor Lage Tuñas, que su descripción de lo que pasa sólo se quede en eso: en una mera descripción. Si no se llega hasta las causas difícilmente se entenderá nada. Por su parte Xavier Pita sí que da dónde más duele, pues Xavier Pita lo que dice es formular unas cuántas recetas para curar los males que aquejan a los partidos políticos – y no sólo en España- y que pueden terminar-ya lo están haciendo-por contaminar a las instituciones, convirtiendo a éstas en meras representaciones huecas y sin ningún sentido, alejando a la ciudadanía de la “cosa pública” y fomentando el desinterés y la apatía de la sociedad en su conjunto, paso previo para la muerte de la democracia y la instauración de meros sucedáneos de ésta donde puedan medrar todo tipo de populismos.
Pero es que si se tomasen en serio algunas de las medidas propuestas por Xavier Pita, incluida, por supuesto, la de la reforma del artículo 6 de la CE, nos encontraríamos ante una auténtica revolución de “lo político”, de la arquitectura política y de la función social de la representación pública. Pero, claro, todo esto chocaría frontalmente con la “nomenclatura” actual que domina de forma antidemocrática las organizaciones políticas, casi sin excepción.
Por eso, me resulta sorprendente su aportación, señor Lage, pues aparte de epidérmica y facilona-y nos amenaza con más capítulos- su descripción no deja de ser sintomática de los límites de la reflexión que pueden aportar los “ya instalados”, ya sea en un grupo parlamentario, ya sea en una Junta de Gobierno Municipal, ya sea en el Consello de la Xunta, pues ello significaría su autoinmolación política, pues los políticos profesionales actuales basan su “carrera” en su capacidad de amoldamiento a las estructuras y en función del sistema de cooptación del que han sido objeto, pues la lealtad siempre será el valor predominante para la conformación de los grupos de apoyo y confianza desdee los que ejercer la presión.
Escaso bagaje renovador, pues, para el que se presenta como “renovador” al cargo de secretario provincial, ya que la pólvora mojada, aparte de ser inservible, ya no seduce ni a los que siempre gustaron de que se la diesen con queso.
Sara escribiu:
La militancia esta de capa caída, es verdad.
Los partidos hoy en día se preocupan tanto de ganar las elecciones que se olvidan de las personas, de la gente que les da su voto y sobre todo de las personas que creen en esos partidos.
las personas de la calle cada vez tienen menos ganas de votar, cómo esperar entonces que quieran militar. No puedes unirte a un prtido en el que crees pero que te decepciona una y otra vez, partidos que defienden unos ideales o es lo que esperas de ellos y luego no son consecuentes, se venden por miedo a perder unos cuantos votos…
En España los partidos se dedican a enfrentarse unos con otros. En mi país, gobiernan personas que son, por cierto, mis representantes porque como muchos otros ciudadanos, les concedí esa responsabilidad prestándoles mi voto. No gobierna un partido, este, representa unas ideas y unas líneas generales de actuación o unas garantías para la ciudadanía. Yo voto para que mi país y el mundo, a través de la puesta en marcha de ciertas ideas, sean mejores.
Pienso que es triste no votar, dejar que decidan otros; pienso que también es una pena votar a un partido por costumbre, por convicciones que se van olvidandon; pero le pasa esto a tanta gente… y cómo no va a pasar si cada día se traiciona el espíritu de los partidos políticos, si los propios partidos pierden identidad…
No militamos porque es difícil creer en los partidos políticos, porque cuesta identificarse sólo con uno, porque ninguno cumple totalmente las espectativas que genera (sobre todo los dos grandes partidos políticos españoles) porque una vez alcanzan ciertas cotas de poder se pierden. No militamos porque los partidos se olvidan de renovarse, de atender a ideas nuevas o de plantearse si van por buen camino. No dan importancia al tiempo entre las elecciones, no llegan al ciudadano, no dan ganas de unirse a ellos, aparecen y desaparecen.
Yo me afiliaría a un partido que, por supuesto, fuera afin a mis ideas, que, teniendo poder o no fuera activo en los períodos de “entre-elecciones”, que se comprometiese con causas internacionales, nacionales, regionales, locales y hasta personales, que ayudase, que enseñase a la gente la importancia y el poder de cada voto asi como de las demás formas de participación política, un partido dinámico, abierto y con ilusión.
No nos afiliamos porque no se promociona la participación´de la ciudadanía, no nos asociamos, no luchamos juntos hacia metas comunes, no somos idealistas y es una pena.
Partidos políticos… motivad a vuestro equipo (la ciudadanía).
autoprtoteccion escribiu:
El impeachment de Clinton no se desencadenó por una ración de sexo a pedir de boca con una becaria, sino por haber mentido.
También las mentiras de Nixon, obstruyendo la acción de la Justicia, pusieron fin a sus días en la Casa Blanca. La política aporta un largo capítulo de la Historia de la Mentira; y tal vez la próxima anotación en ese memorial sea Salvador Fernández Moreda.
Salvador F. Moreda HA MENTIDO a la Agrupación socialista coruñesa.
Ha dicho que no recibían ningún ingreso de Caixa GAlica, Pues, es MENTIRA.
Se pude contrastar estsa información en la página 89 de las cuentas anuales consolidadas de 2008 de Caixa Galicia que se pueden consultar en:
http://inversores.caixagalicia.es/
Se entra en cuentas anuales consolidadas de 2008 y se aprecia la GAN FALSEDAD Y MENTIRA DE MOREDA.