Deciamos ayer… que las letras que pasean por el agua no entendían de sueños ni de fantasías, no entendían que el calor de tu cuerpo te quema a ti y no se pierde allí justo donde te gustaría entrar…
Cuando 27.916.040 de letras te han encarcelado, te han mutilado, cuando te han atormentado, cuando ese comercial de sueños e ilusiones se ha ahogado en ese agujero que rebosaba agua…acabas delante de ese acantilado que se dibuja todas las noches de todos los días.
Caminabas a ninguna parte, paseando sobre el agua, sentado, como comercial de ilusiones, mirando a la ventana que no se abría aunque fabricaras el sueño más bonito, aunque dibujaras la estrella más esplendorosa o la mirada más dulce…
El comercial de fantasías visitó a un joven que había conocido de casualidad unas semanas atrás, este le invitó a repasar su vida, su historia, su fábrica… y después de pasar unas horas en aquel sofá, cerró su fábrica por una temporada, en busca del mar en calma.


